Ese deseo frenético,
el no confiar en poder hacer las cosas bien.
Pero nadie puede darse el lujo de ocultar la verdad,
de cercenar la libertad.
La libertad de que conozcas mi alma,
que sepas todo lo que te quiero
y de qué estoy hecha.
Si ese es el costo de tu abandono,
habrá valido la pena hacerlo,
porque te liberé. Nos liberamos.
Mi cárcel eterna, el dejarte ir.
Sería injusto ocultarte mis mayores arrepentimientos,
que me aprisionan cada día más.
El convencimiento de no poder mejorar,
de no poder devolverte todo el amor que me das,
mi cárcel eterna.
15- Mayo - 2016
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