En qué ocupar mi tiempo libre,
con qué pensamientos llenar mi cabeza,
en pos de que no reflexionara
sobre el perverso rumbo que estaba tomando mi mundo.
Encontré algunas pocas,
efímeras como los amores que las acompañaron.
Otros vicios se convirtieron en mi debilidad,
mientras que unos pocos me fortalecieron.
Cada día que pasaba me hacía más fuerte,
con más convicciones y seguridades,
pero también me volvía más débil,
atada a viejos hábitos y adicciones continuamente renovándose.
Fue un mediodía soleado e invernal
(porque son esas contradicciones diarias),
que descubrí que lo que me sacaba de mi neurosis diaria
era plasmarlo en un papel.
¡Y vaya liberación!
La poesía siendo mi droga favorita,
el refugio de la cotidianeidad,
la contienda de la desolación.
Cada verso no podría mentir jamás,
resucitados de la verdad más profunda en mi interior.
Líneas honestas como el lápiz que las traza,
¿para qué iba a mentir,
si nadie podría jamás juzgar un relato?
14 - Junio - 2016
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