Puedo amarte, puedo odiarte.
Puedo pensarte, puedo olvidarte.
Puedo esperarte o desesperarme.
Pero nadie puede sacarme este vacío absurdo, existencial y burdo,
que siente mi alma y lo más profundo
al abrir los ojos por vez primera
y pensarte, por el hecho de pensar.
Al recordar que todo fue un sueño,
que no estás ni estarás,
que tu boca no era tu boca,
que tu amor no era calor,
era algo menor.
No como mi corazón,
que ya explotaba de pasión.
1 - Septiembre - 2011
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